sábado, 3 de mayo de 2014

Tren de noche a Lisboa

Otra vez ha ocurrido. Una película, del director danés Bille August, de las que hacen afición, de las que te dejan clavado en la butaca, pensando, disfrutando de la experiencia tan intensa que has vivido, y casi triste porque ha terminado.

Jeremy Irons hace de profesor de instituto en Berna. Las primeras secuencias, en esta ciudad, son grises, tristes, llenas de viento, lluvia y oscuridad. Se nota desde el principio que está abatido, abandonado, hasta el punto de recuperar de la basura una bolsita para hacerse un té, porque se le ha terminado. El típico desastrado que vive sólo, sin hablar apenas con nadie. Mientras camina hacia su trabajo, se encuentra con una joven que se quiere tirar al río. La salva, y le dice “¿no sabe usted que la vida puede cambiar en cualquier momento?”. Me resultó curioso, en ese momento, que dijera algo así alguien tan aparentemente rutinario y triste como él.

La muchacha le acompaña al instituto. Al rato se va, y se deja la gabardina. En el interior de la prenda, el profesor encuentra un libro, “El orfebre de las palabras”, escrito por un tal Amadeo. En el libro lee frases tan prodigiosas como estas:

Cuando abandonamos un sitio, dejamos allí una parte de nosotros… y hay cosas de nosotros que sólo recuperaremos si regresamos a ese sitio”

“El miedo a la muerte puede ser el miedo a ni haber sido capaz de convertirse en quién planeabas ser

El profesor parece irse transformando con la lectura. Ha encontrado todo aquello que a él le hubiera gustado escribir, o vivir. En el libro encuentra dos billetes de tren a Lisboa. Cuando va a la estación, con la intención probablemente de devolvérselos a la chica, el tren está a punto de salir. Sin pensarlo siquiera un segundo, sube al tren, sin equipaje.

Y emprende el viaje

El viaje de su vida. Ha hecho algo (lo confesará después) que jamás se había planteado antes en su aburrida existencia. Llega a una Lisboa luminosa, encantadora, con ese embrujo que tiene una ciudad que jamás ha quedado mal en ninguna película, que se convierte por méritos propios en protagonista de cualquier largometraje que se haya rodado allí.

El profesor emprende un investigación sobre los personajes que se citan en el libro, protagonistas de uno de los momentos más duros de la dictadura portuguesa, los últimos días de la dictadura de Salazar, previos a la revolución de los claveles. Las escenas actuales se mezclan con episodios de aquella época perfectamente ambientados.

Parece mentira que un tempo lento, sosegado (como diría Pessoa, cuyo espíritu aletea durante todo el tiempo por el metraje), la película se nos haga tan corta. Las conversaciones con unos secundarios de lujo (Bruno Ganz, que vuelve a Lisboa muchos años más tarde, desde aquella magnífica “En la ciudad blanca” de Alain Tanner, Tom Courtenay, Jack Huston en el papel de Amadeu, un joven que recuerda a Lorca), y las charlas con la siempre dulce y sugerente Martina Gedeck (“Deliciosa Marta”, la película que fue copiada por los americanos en “Sin reservas”), son de las que se recuerdan como momentos de buen cine. Todos ellos han vivido la vida que a Jeremy Irons le hubiera gustado vivir, tal y como le comenta a Martina Gedeck.

Y el final… Sólo comentar que tanto a mi santa como a mí, que no solemos ser muy partidarios de los finales abiertos, se nos puso la carne de gallina. Emocionante, emotivo, perfecto.

Una película encantadora, con momentos duros, sincera, comprometida, con personajes profundos, algunos de los cuales consiguen encontrarse a sí mismos, y frases que te hacen pensar. Recomiendo como siempre verla en versión original. La voz de Jeremy Irons, que no conocía, es espectacular.