
Ahí está él, apenas un crío preguntándose qué le reservaba el futuro. Quería ser escritor. No encontraba las palabras. Y de repente allí estaba ella, por primera vez. En un mundo más grande que aquel en el que había nacido. Ése fue su momento.” – texto transcrito del trailer de EL LADRÓN DE PALABRAS
Ayer vi una película que
seguramente encantará a todo el mundo, pero en especial a los que amamos la
literatura, tanto en su vertiente de lectores como a los que tenemos este hobby
de juntar letras. Una obra intimista, con una fuerte carga moral en varios
sentidos, soberbiamente interpretada por cinco grandes actores. Bradley Cooper
en el papel de Rory Jansen, Dennis Quaid, Jeremy Irons, y las magistrales Zoe
Saldana y Olivia Wilde.
Ya el comienzo es literario. Toda
la película lo es. Un escritor, Dennis Quaid, lee su libro, “The Words”, ante
un auditorio entregado de personas relacionadas con el mundo de la edición en
EEUU. Se trata de un evento previo al lanzamiento de su libro. La historia que
se cuenta en él es la de Rory Jansen (Bradley Cooper, un actor que cada vez va
cogiendo más entidad), un escritor que ha parido el pelotazo de su vida.
Después de recoger un importantísimo premio, sale del salón en el que se lo han
entregado con su mujer, Dora (Zoe Saldana). En una de las escenas más
sugerentes que he visto en los últimos tiempos, se meten en un taxi bajo la
lluvia. Desde la puerta del hotel en el que se ha celebrado el evento, un
anciano misterioso les observa, con una mezcla de curiosidad y tristeza. Es
Jeremy Irons, el gran Jeremy Irons, el alma de la película.

Durante el viaje de luna de miel
a París, Dora le regala en un anticuario una antigua cartera de cuero. Una vez
en casa, Rory descubre en su interior un manuscrito, escrito a máquina.
Comienza a leerlo… y no puede dejar de hacerlo. Es lo mejor que ha leído en su
vida. No sólo toma conciencia de eso, sino también de lo incapaz que es él de
escribir una cosa así. Para intentar impregnarse del espíritu de aquellas
palabras, para deleitarse con ellas, transcribe el manuscrito al ordenador, sin
cambiar ni una sola coma. Dora lee el archivo que ha creado Rory en su
ordenador, y se emociona, diciéndole que es lo mejor que ha leído nunca. Y es
entonces cuando Rory toma la decisión de su vida. En una entrevista, Zoe
Saldana (Dora) dijo esto sobre el personaje de Rory:
“Él en realidad no
busca la fama; sólo quiere ser especial. Aunque eso suene triste o cínico, las
cosas son así. En lo más profundo, todos queremos ser especiales por algo. Eso
fue lo que me atrajo de la historia, la cruda realidad de alguien que quiere hacer
algo grande, da igual lo que sea. Porque, ¿hay
algo peor que Dios te haya dado entusiasmo y pasión por algo para lo que no
tienes talento?”.
He subrayado adrede la última frase, porque esa es la clave, al menos
para mí, de toda la película. Una duda moral que ataca al protagonista y que al
final le empuja a tomar la decisión de hacerse pasar por el autor del libro.
Esa frase, por sí sola, podría generar un importantísimo debate de gran
relevancia en el ámbito de la literatura.

Y no os cuento
más. La película está en cartel, y merece la pena verla. Os hará plantearos
muchas preguntas. ¿Somos capaces de hipotecar nuestra vida por la elección de
lo que pretendamos hacer en ella? ¿Sacrificaríamos lo que más queremos por
llegar a ser algo, por alcanzar la fama? ¿Merece la pena?
Como frase que
se me quedó grabada, y supongo que así será para todo aquel que la escuche y al
que le guste escribir, me quedo con esta, pronunciada por el anciano Jeremy
Irons: “Decidí amar más a las palabras que había escrito, que a la mujer que me
las había inspirado”. Así de fuerte, así de triste, así de profundo. Ahí lo
dejo. Todo aquel que escriba sabrá encontrar la esencia de tan inspirado, y
hasta puede que inquietante pensamiento.
Un fuerte
abrazo a todos.