
1974. Pablo, el hijo de 18 años de Martín (Carlos Iglesias),
muy bien interpretado por Adrián Expósito, emprende un viaje a Suiza, el país
en el que pasó su infancia, junto a su buen amigo Juan, interpretado por todo
un descubrimiento, Luisber Santiago, un genial actor que cada vez que abre la
boca se gana al público. Los dos jóvenes viven sus primeras experiencias fuera
del nido, conocen por primera vez el amor, y se sorprenden ante la libertad, la
moralidad abierta y la responsabilidad imperante en un país en aquella época (y
en esta, que todo hay que decirlo) tan avanzado como Suiza.
Ellos abren la espita de los recuerdos en Martin y Pilar, su
mujer (Nieve de Medina, siempre acertada), que con la excusa del bautizo del
hijo de Marcos (Javier Gutiérrez, gigante como siempre) emprenden también viaje
al idílico pueblo suizo en el que vivieron durante bastantes años. Allí, Martin
se reencuentra con Hanna, la dueña del hotel (magníficamente interpretada por
Isabel Blanco) y resurge entre ellos de nuevo una chispa.
No hace falta ver la primera parte, “1 franco 14 pesetas”,
para disfrutar plenamente de esta nueva entrega escrita y dirigida por un
Carlos Iglesias que crece, como director y como intérprete, en cada nuevo
trabajo. No estoy de acuerdo tampoco hoy con las críticas de la ficha de Film
Affinity. Comentar únicamente que, de ser francesa o de cualquier otra
nacionalidad, esta película habría sido galardonada con todos los premios
posibles, pero amigos, estamos en España, y tirar piedras contra nuestro propio
tejado lleva siendo deporte nacional desde la época en que se pintaron las
Cuevas de Altamira.
Situaciones cómicas, recuerdos entrañables, emociones a flor
de piel, secundarios de lujo, como un Jorge Roelas que se pone a cantar saetas
en medio de la calle sin venir a cuento, o la gigantesca Tina Sainz, una de las
esencias de nuestra extraordinaria escuela de actores de todos los tiempos. O
como Aldo Sebastianelli, el emigrante italiano, siempre conciliador y con un
sentido del humor muy peculiar, que ya participara en la primera entrega. Momentos
tristes, como esa especie de obsesión de Pilar por dar a entender a cada
momento que la situación en España es perfecta, mientras su marido se plantea
la idea de buscar de nuevo trabajo allí. Resultan a veces dolorosas las
comparaciones con los personajes suizos, honrados, serenos, tranquilos, maduros
e infinitamente más abiertos que nosotros, pero es lo que hay.
Antes de que se encendieran las luces pensaba que iba a
escuchar a la salida comentarios del tipo “pues vaya manera de pintarnos a los
españoles”, o “tampoco era para tanto”, pero no, me he equivocado. Todo el
mundo salía con una sonrisa dibujada en la cara, y más de uno con los ojos
brillantes. Son positivas estas miradas hacia el interior de nosotros mismos, y
Carlos Iglesias se está convirtiendo en un maestro en hacer eso, en una
referencia imprescindible para conseguirlo sin complejos, sin prejuicios y con
humildad. Somos así, como nos pinta, y tomar conciencia de ello es el primer
paso, bajo mi punto de vista, para poder mejorar. Pablo y Juan, los dos
muchachos, los dos apóstoles, como dice una de las chicas a las que conocen,
empiezan a mostrar otra forma de ser diferente a la de sus padres, y más lejana
todavía de la de sus abuelas, dos personajes más que peculiares.
No dejéis de verla. De vez en cuando hay que darle una
oportunidad al cine español, y esta película es una ocasión inmejorable para
ello.
4 comentarios:
Muy de acuerdo con todo, excepto por lo de las saetas... dadas las circunstancias, te entra la modorra de la tierra lejana y hasta yo soy capaz de arrancarme por soleares, jajaja. Muy buena peli, muy buenos actores, muy buen guión, muy bien, muy bien, muy...
Me expliqué mal, Vio. Quise decir "De repente", más que sin venir a cuento, pero la verdad es que a mí también me emocionó esa escena. Gracias por el comentario!!
Muy de acuerdo en todo. La vi hace una semana. Pero eso de que los suizos son de moral abierta... hacer referendums para ver si expulsan inmigrantes no lo veo yo de ser muy abiertos.
Jajajajaja... Me refería en la época en que transcurre la película, querido anónimo. Por aquel entonces nos encontrábamos a años luz de ellos. Ahora también, pero dentro de la era de aborregamiento global que estamos viviendo, se nota menos.
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